Se publicó en el número 126 de la revista El Universo de El Búho, que dirige en maestro René Avilés Fabila, mi relato "El peso del escritor", que sencillamente trata sobre la necesidad imperante de contar con una silla cómoda para realizar la labor creativa, o sea: escribir. La revista cuenta con grandes colaboraciones en poesía, ensayo y narrativa, así como una editorial interesante sobre cultura y medios de comunicación. Para leer, ingrese a El Búho...
2.14.2011
El peso del escritor. Cuento publicado en la Revista El Búho.
Se publicó en el número 126 de la revista El Universo de El Búho, que dirige en maestro René Avilés Fabila, mi relato "El peso del escritor", que sencillamente trata sobre la necesidad imperante de contar con una silla cómoda para realizar la labor creativa, o sea: escribir. La revista cuenta con grandes colaboraciones en poesía, ensayo y narrativa, así como una editorial interesante sobre cultura y medios de comunicación. Para leer, ingrese a El Búho...
Alopecia. Cuento publicado en Palabras Malditas.Net

Todo comienza esta mañana, cuando aparece una idea original en la cabeza de alguien, digamos que es alguien a quien le llegan ideas originales frente a la computadora y nunca logra escribirlas. Pongamos que tiene un nombre, pero no se menciona, puesto que apuesta por el anonimato: es el anónimo dos mil, en un país de 100 millones de habitantes, o bien podría ser el trescientos en un país pequeño: es lo de menos. Lo demás es que se ha quedado solo con una idea original en la cabeza. Su cabeza es calva, quizá por eso tiene ideas originales, pero por eso también está solo.
¿Por qué me dejas? ¿Porque soy calvo?
No, porque eres un hombre calvo
Así fue el diálogo esta mañana, los mejores diálogos se dan por la mañana, para eso se crearon las mañanas. Pareciera una broma absurda, pero es cierto: esta mañana ella lo dejó porque era un hombre calvo. Quizá si hubiera sido un medio hombre no tan calvo y hubiera sido otra mañana, jamás lo hubiera dejado. Pero así sucede cuando no hay nada más que decir. Uno puede tener mucho pelo, pero frente a una mujer decepcionada y decidida es demasiado probable que te miren como un hombre calvo y te abandonen.
Entonces, ¿te vas?
Sí.
La pregunta había sido la respuesta, que en toda relación debe de hacerse, de no hacerla se corre el riesgo de parecer loco, pero es mucho más triste ser abandonado por ser calvo y no por ser loco, al menos así lo sintió esa mañana de inédita franqueza pues con anterioridad a otras mujeres les preguntó lo mismo y le dijeron loco y él pudo superar la ínfima desgracia, porque un abandono por locura es un lugar común, pero ante la calvicie es un martirio.
Para leer éste y otros relatos más interesantes y verosímiles, ingresa a PalMal...
2.12.2011
Famosas novelas rechazadas. Ensayo publicado en revista digital Justa.

A Jorge Herralde, editor y propietario de Anagrama, le gusta citar a Olivier Cohen: “Un editor no debe ser juzgado por los buenos libros no editados, sino por los malos que publicó”. La frase no carece de lógica, pero tampoco esconde el problema: ¿por qué hay editores que eligen los malos en vez de los buenos?
El enigma editorial no tiene solución: nadie sabe por qué un libro triunfa, por qué una novela se edita y fracasa o se rechaza y, con el tiempo, acaba vengándose de los editores que la tiraron a la basura. Rechazar, sin embargo, es el destino infausto de las editoriales. Siempre, y con la crisis más aún.
La historia de las novelas rechazadas es tan amplia que daría para una enciclopedia sobre la historia de la edición. De la edición, sí; y no como parecería más depuradamente de la no-edición, porque si hablamos de rechazos célebres es porque, a la postre, esas novelas han acabado triunfando.
Primera moraleja: afortunadamente, no todos los editores son iguales. Todos coinciden, sin embargo, en que en general se les escapan muy pocas obras maestras, pero la historia de la literatura está sembrada de errores. Aunque algunos, muy célebres, corregidos a tiempo.
Desde Cien años de soledad a Lolita
Carlos Barral se pasó media vida lamentando haber rechazado publicar Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. André Gide, que trabajó de lector para Gallimard, devolvió En busca del tiempo perdido al editor con un comentario del que se arrepintió más tarde: “No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño”. En definitiva, la obra maestra de Marcel Proust le parecía un tostón con magdalena.
Los editores que leyeron el original de Lolita, le recomendaron a Nabokov encerrarlo bajo siete llaves. Salvando las distancias del sexo tabú a la timorata política, lo mismo le pasó a Camilo José Cela con La familia de Pascual Duarte.
Richard Brautigan tuvo tiempos de best seller y pop star gracias a los tres millones de ejemplares vendidos de su inclasificable novela/poema en prosa La pesca de la trucha en América; pero aquí, el escritor norteamericano nos interesa por un célebre fracaso: el continuo “no” de los editores a publicar su primera novela, El aborto, y su consecuencia: inspiró una biblioteca de novelas rechazadas en Burlington (Vermont), en donde cualquiera puede depositar resignado y vencido su manuscrito por siempre inédito. Sirva de consuelo.
Para leer completo el ensayo, aquí
Niña incansable de la poesía. Entrevista con Dolores Castro. Revista digital Justa.

Nacida en la ciudad de Aguascalientes el 12 de abril de 1923, la poeta, narradora y ensayista Dolores Castro pertenece a la llamada Generación del 50, donde desfilan nombres como Jaime Sabines, Rosario Castellanos, Sergio Magaña, Emilio Carballido y Enriqueta Ochoa. En 1952 publicó Dos nocturnos; luego vendrían La tierra está sonando (1959), Cantares de vela (1960), Soles (1977), Qué es lo vivido (1980), y otros poemas publicados en revistas, antologías y volúmenes colectivos. Su única novela, La ciudad y viento, vio la luz en 1962. La antología No es el amor el vuelo (1992) está publicada en la tercera serie de la colección Lecturas Mexicanas.
En esta entrevista, explica el origen y el desarrollo de su obra poética, construida a lo largo de más de cuatro décadas. Con la sonrisa franca y amable que le caracteriza, Lolita –así la llaman sus alumnos, con este diminutivo que se acomoda con afecto a los actuales 87 años de la maestra– se dispone a charlar sobre su labor incansable dentro de la lírica mexicana del siglo XX.
¿Cuándo descubre su interés por la escritura?
No es muy pronto. Pero sí creo haber tenido desde niña una necesidad de contemplar las cosas, que es como el principio de una vocación artística. Me gustaba dibujar, me gustaba mucho leer, y también escribir. Como al tercer año de primaria, sin darme cuenta, una tarea: era una composición sobre la primavera y me saqué primer lugar y una medalla y quedé muy sorprendida de semejante cosa y ni sabía que tenía capacidad para escribir. Poco a poco se fue desarrollando. Primero no me atrevía a expresarme con toda la sensibilidad, sino que hacía poemas irónicos y de crítica. Mucho tiempo después empecé a escribir poesía, cuando ingresé a la Facultad de Filosofía y Letras, en Mascarones… Ahí tuve muy buenos compañeros, entre ellos, Ernesto Cardenal, pues era mi compañero de la otra banca. Venía con una educación en la poesía muy especial, porque los que fueron maestros de él y de Ernesto Mejía Sánchez, que era mi otro compañero, fueron de la vanguardia de donde también había surgido Rubén Darío.
Tuvo una relación muy cercana con Rosario Castellanos…
Rosario Castellanos fue mi compañera desde tercero de Secundaria y estuvimos también en la misma Facultad, aunque ella estudió filosofía, y yo literatura. La Facultad de Filosofía y Letras era entonces una pequeña facultad en que estábamos relacionados la mayor parte de los que convivíamos, así fueran de filosofía, de historia y de literatura.
¿Qué buscaban ustedes en la poesía?
Lo que buscábamos era salir de lo que fue el Modernismo, que estaba muy próximo pero que ya no podía ser después de las vanguardias. Pero creo que ninguno de nosotros estuvo de acuerdo con el Estridentismo, pues los estridentistas eran los enemigos de la revista Contemporáneos…
Para leer la entrevista completa, aquí
8.03.2010
circe
I
mordiendo los silencios
de tu cuerpo
están mis manos
ciegas en el roce eterno
de tu espalda
se derivan ecos matinales
de paloma
suaves hojas se desprenden de tu pelo
y van cayendo tibias
sobre el arroyo de tu pecho
canta el otoño en nuestra cama.
II
¿por qué mirar en una hoja la eternidad del mundo?
transida de angustia por un guiño del invierno
¿a qué distancia está el ahora?
cuánta pasión se hiela en el presente.
III
mordiendo la luz están los cuerpos
traslúcidos de impúdico brillar
como una larga danza de veranos
revelan su fulgor tras una sombra de vitrales
IV
¡cuánta dulzura hay en tu vientre!
eterno de melancolía, de antiguos árboles de seda
que llenan de fragancia mis anhelos
trashumantes de fatiga en pleno vuelo
Circe en las rocas errantes
haces primaveras de flor sobre mi pecho
hilas tus redes de cielo en mi agonía
dejas tu sed sobre mi boca.
Amor
¡Cólmame de tus silencios!
como una raya de vida
de palomas
que se inflame el calendario
adusto
en esta noche suspendida
mordiendo los silencios
de tu cuerpo
están mis manos
ciegas en el roce eterno
de tu espalda
se derivan ecos matinales
de paloma
suaves hojas se desprenden de tu pelo
y van cayendo tibias
sobre el arroyo de tu pecho
canta el otoño en nuestra cama.
II
¿por qué mirar en una hoja la eternidad del mundo?
transida de angustia por un guiño del invierno
¿a qué distancia está el ahora?
cuánta pasión se hiela en el presente.
III
mordiendo la luz están los cuerpos
traslúcidos de impúdico brillar
como una larga danza de veranos
revelan su fulgor tras una sombra de vitrales
IV
¡cuánta dulzura hay en tu vientre!
eterno de melancolía, de antiguos árboles de seda
que llenan de fragancia mis anhelos
trashumantes de fatiga en pleno vuelo
Circe en las rocas errantes
haces primaveras de flor sobre mi pecho
hilas tus redes de cielo en mi agonía
dejas tu sed sobre mi boca.
Amor
¡Cólmame de tus silencios!
como una raya de vida
de palomas
que se inflame el calendario
adusto
en esta noche suspendida
7.25.2010
deleite

floración de mar
de muslos
curvaturas relucientes
separadas
por mis manos
floración de sol
de luz mojada
anegación ruidosa de gargantas
timón de lenguas
de mieles
por tu espacio
me vierto
de raíz a punta
duro
como tren
en marcha
--en el túnel
de los sueños--
entro
de tallo
de tajo celeste
en algo líquido de ella
angelical
ya
colmados en el ruido
un sorbo de gemidos
son nubes lluviosas
trepidan por la espalda
resbalan por las aberturas
y las bocas
nos suspende un grito ahogado
hacia la absurda
marcha de las horas
se termina poco
exhalamos
tú mirándo las órbitas del universo
yo mirando el cielo todavía
7.18.2010
por cierto
el amor está en los
tendederos
en los calzones
en el trajín cotidiano
en las coladeras abiertas
en las suelas de zapato
en la inconmensurable
barbare del amor
está, por cierto
en la mañana
en mi cuarto
en mi mesita
en el reloj despertador
que desquicia mi día
y recalca tu huida
está
profético
en la comida
del perro
en mi comida
en la sien
del paranoico
en la siniestra y larga
risa del engaño
se filtra
en la madrugada
en los comerciales baratos
en la casaca del vago
en las formas del cielo
cayendo a pedazos
y va a parar
en la piel de la fruta
en su estructura
en su humedad dulzona
en su centro
en su abertura
en la soltura de beso de ese par de tontos en la banca del parque
en los números de mi calculadora
en la voz de los políticos infames
en mis setenta horas de oficina,
en sus sillas
en el refejo de mi computadora
en la voz de mis amos
en sus puntos suspensivos
¡que reviente el opaco cielo
en milones de sollozos dolientes!
que revienten
mis manos sobre mis manos
que reviente mi historia a tu lado
y nos trague la adorable soledad
por cierto
mi amor está
aquí, punzante y amargo
a la vista de todos
exhibido
está
realmente
tratando de decirme algo:
el verdadero amor
se encuentra dentro
y merece ser utilizado
el amor está en los
tendederos
en los calzones
en el trajín cotidiano
en las coladeras abiertas
en las suelas de zapato
en la inconmensurable
barbare del amor
está, por cierto
en la mañana
en mi cuarto
en mi mesita
en el reloj despertador
que desquicia mi día
y recalca tu huida
está
profético
en la comida
del perro
en mi comida
en la sien
del paranoico
en la siniestra y larga
risa del engaño
se filtra
en la madrugada
en los comerciales baratos
en la casaca del vago
en las formas del cielo
cayendo a pedazos
y va a parar
en la piel de la fruta
en su estructura
en su humedad dulzona
en su centro
en su abertura
en la soltura de beso de ese par de tontos en la banca del parque
en los números de mi calculadora
en la voz de los políticos infames
en mis setenta horas de oficina,
en sus sillas
en el refejo de mi computadora
en la voz de mis amos
en sus puntos suspensivos
¡que reviente el opaco cielo
en milones de sollozos dolientes!
que revienten
mis manos sobre mis manos
que reviente mi historia a tu lado
y nos trague la adorable soledad
por cierto
mi amor está
aquí, punzante y amargo
a la vista de todos
exhibido
está
realmente
tratando de decirme algo:
el verdadero amor
se encuentra dentro
y merece ser utilizado
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